75 años son muchos
admin | jul 29, 2011 | Comentarios 0
75 años son muchos

Si 20 años no es nada, según el tango, 75 años es mucho. Son ya dos generaciones desaparecidas; mis abuelos y mis padres y, yo ya he cumplido los cincuenta.
El actual Congreso de los Diputados no condena el golpe militar del 18 de julio de 1936 que condujo a una guerra civil; otra vez ha decepcionado. Por si esto fuera poco, su máximo representante, el presidente de la Cámara José Bono, no distingue entre los defensores de la democracia y los que acabaron con ella. Casi en paralelo leo la tragedia producida en Noruega y no puedo evitar las lágrimas al saber que esos jóvenes que se encontraban en un campamento de formación política en la isla de Utoya, horas antes de ser atacados y asesinados, habían recordado en un homenaje a los republicanos defensores de la democracia en España en julio de 1936.
Por ser un católico a ultranza el que niega esta justicia, he reflexionado sobre el papel de la Iglesia católica antes, durante y después del golpe de Estado.
La República:
En 1931 el Jefe del Gobierno, Manuel Azaña, proclamó la desvinculación de la Iglesia del Estado, algo que ya habían hecho los ilustrados dos siglos antes y era aplicado en los países más avanzados.
Consecuencias: los subsidios que el Estado otorgaba al clero quedan abolidos. La educación no debía tener carácter religioso, sino que debía ser pública, obligatoria, mixta, laica ofrecida y subvencionada por el Estado para el acceso de todos. Con anterioridad el Estado estaba subordinado a la Iglesia católica en la enseñanza, produciendo ésta una discriminación entre quienes podían cursar el bachillerato y quienes no tenían la posibilidad de estudiar. Se avanza en derechos civiles; matrimonio civil, ley de divorcio, entierro civil.
La II República puso en marcha una reforma total de la enseñanza: la construcción urgente de escuelas (se proyectó la creación de 27.000 escuelas, mientras, los ayuntamientos adecuaron salas donde impartir clase), la dignificación de la figura del maestro (se organizaron cursos de reciclaje para aumentar su formación, la carrera de Magisterio se elevó a categoría universitaria, se aumentó su salario, aumentó del número de maestros, de abril de 1931 a abril de 1935, se pasó de 37.500 a 50.500), el fomento de una pedagogía activa y participativa, una concepción laica de la enseñanza. Pero ¡ay! los niños tenían hambre. La República creó cantinas escolares para dar de comer a los niños, incluso roperos para vestirlos. Pero fue más allá: con el lema educar para ser libres, llegaron a las aldeas bibliotecas itinerantes, proyecciones cinematográficas, teatro, museos ambulantes. ¿Cuántos españoles jamás habían visto una obra de teatro? ¿Cuántos no sabían lo que era el cine?
La II República es sinónimo de democracia, modernidad, libertad, educación, progreso, la igualdad y los derechos universales para todos los ciudadanos.
La guerra civil:
Desde el primer momento, sin atisbo de duda, la Iglesia legitimó a los golpistas, los obispos y sacerdotes bendecían las armas y las banderas de los regimientos fascistas que partían al frente. La mayoría de los católicos apoyaron a los sublevados. Miles de soldados nacionales llevaban en el pecho una estampita que rezaba: “¡Tente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo!”.
El 1 de julio de 1937, la Iglesia católica española oficializó el pacto con el golpe de Estado de Franco a través de la “Carta de los Obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la Guerra de España”. La carta fue redactada, a petición de Franco, por el cardenal Gomá, la apoyaron con su firma todos los obispos españoles, excepto el de Vitoria y el de Tarragona (en ese momento estaban en Italia).
Los obispos se fotografiaban levantando el brazo en saludo fascista, como muestra de su apoyo a Franco (continuaron haciendo durante la dictadura).
La dictadura:
La dictadura que impuso Franco a partir de 1939, se definió como nacionalcatolicismo. Radio Vaticano, el 16 de abril de 1939, difundió un mensaje titulado “Con inmenso gozo” el autor de la locución fue el mismísimo Papa Pio XII, en el mismo se felicitaba por el resultado de la guerra como “la deseada victoria católica”.
El 20 de mayo de 1939, Franco entregó la espada de su victoria al cardenal Gomá en la Iglesia de Santa Bárbara de Madrid. Ejército e Iglesia celebraron juntos el triunfo. Durante mucho tiempo se realizaron actos religiosos y ceremonias fúnebres en memoria de sus mártires. En las fachadas de las iglesias de toda la geografía española se colocaron lápidas en memoria de “los caídos por Dios y por España”. En las nuevas monedas aparece la efigie de Franco rodeada por la expresión: “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Franco entra bajo palio en los templos. La Guardia civil se viste de gala y “escolta” las imágenes religiosas en las procesiones.
En octubre de 1939, la Iglesia recuperó el restablecimiento del presupuesto del clero. El Estado pone en nómina a los clérigos, la Iglesia goza una amplia exención de impuestos. Tiene una autonomía plena en la educación, en general la Iglesia católica es hegemónica en todo lo referente a la vida pública: prohibir libros, publicaciones, películas, indumentarias, etc. contrarios a la moral católica.
Los maestros republicanos fueron perseguidos con saña, centenares fusilados, miles exiliados y encarcelados, otros inhabilitados de por vida. Muchos institutos públicos de enseñanza secundaria creados por la República fueron cerrados. El objetivo era acabar con la política educativa y cultural de la República.
La Iglesia jugó un papel fundamental en la represión y la depuración de los republicanos; elaboraba listas “negras” y los sacerdotes acompañaban en los fusilamientos. En las comisiones de depuración, uno de los requisitos que establecía el procedimiento para la depuración era el informe que tenía que presentar un cura párroco sobre la actuación de esa persona.
Los españoles son recristianizados, en muchos casos forzadamente. Miles de niños y jóvenes, que durante la República y la libertad de credo no fueron bautizados lo son ahora, para cualquier gestión de la vida civil se necesita certificado de bautismo. Se declaran no válidos los matrimonios únicamente civiles y los divorcios.
Colaboró en el robo de bebés de padres republicanos, cuyas madres estaban en prisión o habían sido fusiladas. Hoy, estos niños desconocen, en muchos casos, su identidad. Lo continuó haciendo durante décadas en las clínicas donde asistían monjas a las parturientas.
Muerto el dictador grupos fascistas de vinculación religiosa como los Guerrilleros de Cristo Rey atacaban librerías y agredían a cualquier ciudadano que pensase diferente. En la década de los años ochenta la Iglesia solicitó la beatificación de sus “mártires” a Juan Pablo II. Fue concedido el 29 de marzo de 1987. Son más de cuatrocientos los beatificados, pero piden más. Con esta petición y la consiguiente concesión, la Iglesia está demostrando una vez más su alineamiento, ya que no lo pide para los fusilados republicanos que están enterrados en las cunetas, ni siquiera por la aplicación de la moral cristiana de enterrar a los muertos.
La Iglesia católica española está detrás de uno de los episodios más sangrientos de nuestra historia contemporánea. No está arrepentida, no ha hecho ningún gesto de reconciliación, no pide perdón, no desea que el Parlamento apruebe un reconocimiento público a las víctimas del franquismo.
El Presidente del Parlamento José Bono se burla de los familiares que piden recuperar los restos de sus seres queridos, él, católico convencido se aplica el dicho “honra merece quien a los suyos se parece”.
Han transcurrido setenta y cinco años, son muchos.
Martina Carrascoso, Sociólogos sin Fronteras













