Cuando el futuro se quedó en el pasado. El Pabellón Español en la Exposición de París de 1937

Cuando el futuro se quedó en el pasado. El Pabellón Español en la Exposición de París de 1937

Publicado en Crónica Popular el 30 Mayo, 2017

Pilar Nova Melle

Presidenta de la Asociación de Descendientes del Exilio Español. 

A todo el exilio y en especial a mi querido amigo Fernando Barral

Se cumplen 80 años de la Exposición Internacional de Arte y Tecnología en la Vida Moderna” de París. Como todas las exposiciones de este tipo, su objetivo era mostrar al mundo los avances tecnológicos por parte de los países participantes. Pero esta exposición fue especial; tuvo lugar en un momento en que la crisis económica internacional, iniciada en octubre de 1929 con la caída de la Bolsa de Nueva York, estaba muy presente; millones de desempleados en todos los países industrializados. En Europa, además, se vive la tensión política que se genera en Alemania con la obtención por parte del partido nazi de un 40% de votos en las elecciones de julio de 1932 y el posterior nombramiento de Hitler como canciller, el 30 de enero de 1933. En España, el 18 julio de 1936 se produce un golpe de Estado para derrocar la II República, iniciándose la guerra civil.

FOTO1Por tanto, esta exposición fue muy especial, más allá de las muestras tecnológicas, era una exposición con un sustrato de guerra y paz y la oposición ideológica entre fascismo y democracia.

Se celebró del 25 de mayo al 25 de noviembre de 1937, con la participación de 45 países. El mismo día de su inauguración se concedieron las medallas de oro a los pabellones de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. El pabellón español fue inaugurado por Juan Negrín el 12 de julio. Debido a los hechos de guerra en España, no pudo acudir el día de la apertura oficial.

Como consecuencia de los avatares políticos señalados y de los movimientos arquitectónicos, pictóricos, etc. esta exposición jugó un papel importante para mostrar al mundo las respectivas ideologías. El pabellón alemán diseñado por el arquitecto nazi Albert Speer explotó al máximo el concepto de propaganda política. Un edificio robusto, de estructura uniforme y simétrica, rematado en el exterior con un gran águila de 9 metros. Su mensaje era explícitamente de firmeza y estabilidad. Por esta carga ideológica, no es casualidad que el pabellón alemán estuviese situado frente al pabellón soviético.

El pabellón español, a pesar de encontrarse el país en plena guerra, se realizó porque era un escaparate perfecto para mostrar al mundo lo que estaba sucediendo; una exposición internacional es un potencial propagandístico. El gobierno republicano no desaprovecharía la ocasión. Además, intentaría conseguir los suministros que el “Pacto de no Intervención” le denegaba. Así, y en pleno conflicto en apenas seis meses, España fue vanguardia, ningún país pudo igualar a los artistas que en diferentes modalidades presentó España. Difícilmente se verá confluir otra vez a tantos artistas de primer nivel, y mucho menos con ese entusiasmo; lo mejor de las artes comprometidos con la II República.

¿Cómo se consiguió tal proeza?

En primer lugar, los artistas estaban con el Gobierno legítimo de la República. Por otro lado, se formaron equipos de trabajo compactos y con un solo pensamiento. El embajador en París, el escritor Luis Araquistáin, el comisario en la exposición, el filósofo José Gaos, los arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert, coinciden en que el pabellón a diseñar y lo que en él se muestre debe ser reflejo de la guerra de España.

FOTO2Diseñaron un edificio de construcción moderna, claro, flexible, trasmitiendo una sensación de liviano por los materiales empleados, totalmente contrario al pabellón alemán, predominando los colores gris, negro, rojo de tragedia y blanco de los pueblos mediterráneos. Un edificio racionalista. Josep Lluis Sert había trabajado varios años con Le Corbusier. Así mismo, utilizaron materiales españoles como las esteras de esparto, sin olvidar el patio; esa forma de convivencia tan española.

Si el resultado del pabellón fue sobresaliente, no fue menor el contenido. Al mencionado equipo se sumaba los escritores Max Aub y José Bergamín como comisarios adjuntos y el pintor Hernando Viñes como secretario. Josep Renau, en esa fecha director general de Bellas Artes, el director de cine Luis Buñuel, los escultores Alberto Sánchez y Julio González, el pintor Joan Miró y el artista norteamericano Alexander Calder, afincado en París, que no dudó en apoyar a sus amigos españoles con la escultura la Fuente de Mercurio como propaganda de este material extraído en Almadén (España era el principal proveedor). Picasso, comprometido con la II República, desde el principio colaboró muy activamente; fue muy significativo el impulso que proporcionó su presencia ya que era el artista más importante del momento.

Aunque el Guernica de Picasso es la obra que por excelencia se asocia al pabellón y a la guerra de España, Picasso expuso otras obras como el grabado “Sueño y mentira de Franco” y la pintura “Retrato de la marquesa de culo cristiano echándole un duro a los soldados moros defensores de la virgen”. Los títulos de ambas son tan evidentes que no necesitan de mayores comentarios. También expuso tres esculturas: Cabeza de Mujer, Busto de Mujer y Bañista.

Joan Miró pintó, “El payés catalán en rebeldía” (El Segador). A diferencia de Picasso, que pintó el Guernica y después se trasladó al pabellón, Miró realizó la obra en el mismo Pabellón. El autor explicó su intención del campesino desafiante porque eso se estaba viviendo en España, con una gran hoz que es un símbolo de Cataluña. Siempre se sintió solidario con lo que se estaba construyendo en ese pabellón y lo que representaba. También fue el autor del cartel “Aidez l’Espagne” que dio la vuelta al mundo; inicialmente, lo diseñó para un sello postal, con el objetivo de conseguir fondos para ayudar al gobierno de la República.

En el exterior se coloca la gran escultura de Alberto Sánchez “El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella”, de 12,5 metros de altura, rematada en un estrella roja. Esa estrella revolucionaria de su compromiso político, a la vez que el drama del pueblo. Algún crítico consideró que el tótem de Alberto (como era conocido), representa la utopía social. Alberto Sánchez había participado en las Misiones Pedagógicas colaborando con García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti y otros, realizando decorados para obras representadas en La Barraca, también fue uno de los creadores de la “Escuela de Vallecas” junto al pintor Benjamín Palencia.

FOTO3El director de cine Luis Buñuel fue el responsable de la selección cinematográfica del Pabellón, si bien algunas de las películas proyectadas habían sido dirigidas o producidas por él mismo. Se proyectaron más de 40 películas, entre ellas Tierra sin pan (Las Hurdes), España-36, Reforma Agraria, Guerra en el Campo, Atentado a Madrid, Sinfonía Vasca, Juan Simón… El cine de Buñuel, al igual que el resto de manifestaciones artísticas expuestas, conjugaba la modernidad con el discurso ideológico.

Por su parte, Josep Renau se ocupó del cartel y el fotomontaje. Por un lado, daba a conocer las diferentes zonas de España y la postura de combate de las mismas ante la guerra y, por otro, mostraba directamente las consecuencias de la guerra: víctimas, destrucción, etc. Renau fue pionero en la utilización del fotomontaje político, pero al mismo tiempo siempre tuvo presente la historia y tradiciones. Así, por ejemplo, incluye una cita sacada del Quijote: On doit exposer sa vie pour la liberté. O realiza un cartel recordando la otra guerra por la independencia de España.

Otros artistas muy comprometidos con la II República no pudieron participar, pero fueron recordados. Es el caso del escultor Emiliano Barral que había muerto en el frente de Madrid en noviembre de 1936. 18 de sus esculturas se expusieron como homenaje póstumo. Esta presencia fue el mejor homenaje que se podía hacer a Barral que no dudó en salir de su taller para coger el fusil.

Una vitrina dedicada a Federico García Lorca, denunciaba su fusilamiento en agosto de 1936. Un gran retrato del poeta evocaba emocionalmente su ausencia con una leyenda que decía “Federico García Lorca. Poeté fusillé a Granade”. El asesinato de Lorca provocó una gran conmoción internacional, pues era muy reconocido, no sólo en nuestro país sino también fuera. Al lado del retrato se exponían las ediciones de “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” y “Romancero General de la Guerra Civil de España”.

FOTO4En total, participaron cerca de un centenar de artistas, de lo más granado a nivel internacional, y se expusieron más de 300 obras, de indiscutible calidad, consiguiendo que el pabellón de un país con pocos recursos por la guerra que se estaba librando en el mismo, se convirtiese en el pabellón más innovador y uno de los más visitados de la exposición. Entonces y ahora se sigue calificando de “acontecimiento artístico irrepetible”. Huelga decir que el pabellón español era un museo de arte contemporáneo.

Por su parte, el gobierno de la II República consiguió mostrar al mundo que representaba la voluntad democrática del pueblo español frente al fascismo, al tiempo que se mostraba la resistencia heroica del pueblo.

Los arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert habían conseguido una de las mejores obras de la arquitectura de vanguardia, aunando modernidad, tradición y propaganda política. Su propuesta fue tan novedosa que en ella se inspiró veinte años después Frank Lloyd para la construcción de su obra más destacada, el Guggenheim de Nueva York.

¿Cuál fue el devenir de los artistas participantes?

La mayoría de los protagonistas murieron en el exilio:

El embajador Luis Araquistáin se exilia en Gran Bretaña, posteriormente en Suiza y muere en Ginebra en 1959. El comisario de la exposición, José Gaos, se exilia en México, donde muere en 1969. El arquitecto Luis Lacasa se exilia en la Unión Soviética, falleciendo en Moscú en 1966. Josep Lluis Sert se exilia en Estados Unidos, regresa a España en 1981, gravemente enfermo, y muere en 1983. Max Aub, después de su internamiento en varios campos de concentración, se exilia en México, donde muere en 1972. José Bergamín se exilió en México, Venezuela, Uruguay y Francia, en los años sesenta volvió a España pero fue detenido y expulsado, regresó definitivamente en 1970 y falleció en 1983. Hernando Viñes, aunque se consideraba español tenía nacionalidad francesa. Josep Renau, después de su paso por un campo de concentración en Francia, se exilia en México y después en la RDA y muere en Berlín, en 1982. Luis Buñuel se exilia primero en Estados Unidos y después en México, si bien viajó varias veces a España, y muere en México DF en 1983. Alberto Sánchez se exilió en la Unión Soviética falleciendo en Moscú en 1962. Julio González muere en el exilio francés en 1942, en París. Joan Miró, aunque vive algunos periodos en Francia es considerado un exiliado del interior, dudó entre quedarse en Francia, exiliarse en otro país o volver a España. Volvió, pero no por ello abandonó sus ideales y compromisos hasta su muerte. Emiliano Barral, murió en combate pero su esposa e hijo se exiliaron en Argelia, Argentina, Hungría y Cuba donde reside su hijo Fernando.

Maqueta del pabellón de España en la Exposición Internacional de París, 1937. Museo Reina Sofía

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