Dos días, una noche

Dos días, una noche.

Bélgica, Francia e Italia; estrenada en octubre de 2014. Escrita y dirigida por los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne.

Presenta una de las mayores crueldades posibles; que alguien se quede sin trabajo con el acuerdo de la mayoría de sus compañeros. Es la obsesión por la productividad  lo que conduce a situaciones como la que narra esta película. La historia gira alrededor de una trabajadora que ha pasado por una enfermedad y a la hora de reincorporase a su puesto de trabajo se deja entrever que será poco productiva dadas las características que le condujeron a la baja laboral; depresión. Así se predispone a los trabajadores para que voten en su contra; la alternativa es una prima de 1000 euros. Es decir; la empresa se libra de una trabajadora con una consulta democrática a los trabajadores;  pueden votar a favor o en contra del despido, pero si votan a favor del despido tendrán una recompensa económica.

No sólo es terrible aceptar que despidan a alguien con una votación, es más terrible que si se hace así hay una prima para cada uno, pero más terrible aún es comprobar que la mayoría de los trabajadores viven con deudas, con dificultad para llegar a final de mes, y que a todos les hace falta ese dinero. La victima lo llega a entender.

Es evidente que los hermanos Dardenne no quieren plantear que el problema está en la gerencia, en las malas gestiones que conducen a situaciones dantescas. Tampoco juzgan a los trabajadores porque todas las actitudes son comprensibles. No hay buenos ni malos entre los trabajadores. Son situaciones que se pueden producir en las pequeñas empresas, siempre tópicamente llamadas familiares, donde no existe comité de empresa, de ahí que más que enfrentarse al patrón claramente estereotipado, dirigen la mirada al   individuo e invitan a la reflexión; en la actual situación económica ¿hay espacio para la solidaridad?

Es una película realista que muestra el mundo del trabajo con unas  relaciones laborales cada vez más fragmentadas, el conflicto se canaliza de forma individual y los trabajadores se encuentran en situación de desamparo y en el caso concreto que plantean esa situación es de gran impotencia ¿qué puede hacer la protagonista si los demás votan en contra de ella?. Pero una vez más se demuestra que hay que intentarlo, que no hay que aceptar la exclusión.

También muestra la diferente óptica  intergeneracional;  como el padre no duda sobre su deber de clase de apoyar a la compañera y el hijo con su coche tuneado tampoco duda de que hay que ser estúpido para perder 1000 euros. Esta escena es brevísima pero determinante al poner la línea divisoria entre la antigua clase obrera y la nueva ¿clase? trabajadora.

Ver esta película produce rabia, pero también produce una reconciliación con el ser humano que en situaciones límites saca lo peor de sí mismo pero también lo mejor. La trabajadora consigue los votos para quedarse y aquí emerge el gerente con una propuesta que ella rechaza; lo mejor.

En esta película hay mucha realidad social. Pero como escribía hace unos días Rosa Guevara en Rebelión sobre esta cinta: “la clase obrera tal vez no vaya al paraíso pero no está condenada a ir al infierno ni a construirlo ella misma para su destrucción.

Los Directores:

Jean Pierre y Luc Dardenne, nacen en Bélgica en 1951 y 1954 respectivamente. Entre sus obras están: La promesa, Rosetta, El hijo, El silencio de Lorna, El niño de la bicicleta, etc. Si bien son muy conocidos como productores.

Martina Carrascosa

Sociólogos sin Fronteras

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En la categoria de: CINEDESTACADOLO MEJOR

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