EL MÉDICO

EL MÉDICO

Director: Philipp Stölzl, Alemania, 2013.

Narra la historia de un niño en la paupérrima Inglaterra del siglo XI que ve como su madre muere de una enfermedad que él intuye se puede curar. Desde las primeras escenas emerge el trasfondo religioso de la historia. Cuando la madre enferma el niño va a buscar a un curandero de paso por el pueblo, al llegar ambos a la casa se encuentran con el cura dando su última bendición a la moribunda, ante ello el curandero decide no actuar para evitar ser acusado de practicar brujería. Una vez fallecida la madre, el niño reza y suplica: “Dios devuélvenos a nuestra madre,  la necesitamos más que tu”. El niño decide hacerse médico y para ello viajará hasta Persia donde está el mejor maestro y la mejor universidad  de ese momento.

Es difícil realizar una película sobre un libro que han leído millones de personas en todo el mundo. Es difícil en la era de la inmediatez y la síntesis hacer una película de 150 minutos, pero a pesar de ello tiene magnetismo y no cansa ¿será porque hay muchos espectadores que prefieren el cine de cine ante el cine de televisión? Es decir; ante el cine de 90 minutos o menos, de escenas de interior (a veces confunde con teatro), de trama y resolución rápida…

En El Médico se describe el enfrentamiento permanente entre religiones (cristiana, judía y musulmana), pero sobre todo el fanatismo religioso y su imposición sobre los demás, igual que hoy. Diez siglos después permanece esta actitud por parte de todas las religiones. Que hayan pasado 1.000 años parece algo insignificante ante la lapidación de una mujer adúltera, la mujer que casan como negocio, con un hombre que no conoce, mucho mayor que ella. La negación por parte de las tres religiones a todo avance científico; la condena del nigromante a muerte.

Recuerda a Lawrence de Arabia por la aventura, pero sobre todo recuerda a Agora. Hipatia, una mujer astrónoma, matemática y filósofa neoplatónica es asesinada en Alejandría en el siglo V. En la ciudad hay tres creencias religiosas incapaces de convivir; cristianos, greco-egipcios y judíos. Dominan los cristianos que se burlan de las otras creencias y masacran y expulsan a los judíos. Hipatia ante la creciente violencia intenta salvar los pergaminos que contienen la sabiduría del mundo antiguo, además se niega a convertirse al cristianismo, religión en la que no cree. Por todo ello, el obispo Cirilo de Alejandría ante la Biblia, la condena a lapidación acusada de pagana y bruja. Una vez más ha triunfado la sinrazón.

El médico también recuerda mucho el drama que vivió Miguel Servet, ejecutado en la hoguera en Ginebra en 1553, condenado por un tribunal tan irracional, manipulable, fanático y cruel como  el que se describe la película. Servet fue un erudito que dominaba el griego, el latín, el hebreo, el francés y el español. Además de la astronomía, la meteorología, la geografía, la física y las matemáticas. Ejerció de reputado médico y estudió jurisprudencia y teología. Contrariamente a la idea que se ha generalizado, Servet no fue ejecutado por descubrir la circulación de la sangre, sino por escribir por ejemplo; “los niños no deben ser bautizados al nacer, sino que el bautismo sea un acto de madurez, para ello cita al propio Jesucristo que fue bautizado a los treinta años”. Otra de las ideas que contribuyeron a su condena fue la reflexión sobre la Trinidad. Alegaba que no aparece en la Biblia y conduce a pensar en el triteismo. Además si Jesús ha nacido de mujer, aunque fecundada por el Logos divino ¿cómo se puede afirmar que es eterno?

Con la muerte de Servet triunfa la intolerancia (defendida por J. Calvino) frente a la libertad de conciencia defendida por Servet, pero su juicio y muerte abren el camino al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas. Como muy bien lo expresó uno de sus defensores Sebastián Castellion “Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre”.

Situándonos ya en el siglo XXI, otro ejemplo de intolerancia lo encontramos hoy en nuestro país con el anteproyecto de ley de reforma de la Ley del Aborto, elaborado por el ministro A. Ruiz Gallardón. En el mismo se prohíbe a la mujer decidir y se elimina el supuesto de malformación del feto. La religión vuelve a imponerse sobre la sociedad civil. Además hay una razón de peso: el ministro recuerda cómo en 1985 siendo ayudante de su padre José Mª Ruiz Gallardón, presentó éste un recurso contra la Ley del Aborto aprobada por el Gobierno. Hoy el ministro en un homenaje a su papá y desde el Gobierno no desde la oposición  vuelve a ello, declarando: “la batalla por la modificación de la Ley del Aborto justifica plena y absolutamente mi vida política”. Una vez más ha triunfado la sinrazón. Esto de momento no es una película.

Martina Carrascoso, Sociólogos sin Fronteras.

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