LA GRAN BELLEZA

LA GRAN BELLEZA

Escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, Italia-Francia, 2013.

Describe la vida social de Roma, desde un magnifico ático frente al Coliseo, a partir de las reflexiones de un periodista de éxito. El protagonista, interpretado por el gran Toni Servillo, intenta huir del envejecimiento y de su frustrada carrera de escritor, para ello vive la noche a través de fiestas chic, con personajes frívolos, carentes de sentido crítico; ven pasar la vida vacíos de contenido. Pero él, cínico a la vez que lucido, analiza esa decadencia social. La gran belleza es un recorrido a través de una ciudad y una clase social, Roma y la burguesía. La ciudad siempre esplendida, inmortal en su belleza. La belleza clásica de Roma frente a la belleza falsa y caduca de un muestrario de personajes banales; la falsa intelectualidad y los pseudo-intelectuales, el escepticismo existencialista, el autoengaño, el botox, la obsesión por la moda, la vida como un circo …, todo es falso, todo es cartón piedra; una burguesía desconectada de la realidad social. Bailan al ritmo arrítmico a que se mueve el mundo, con la música de otros tiempos, todos ellos parecen seguir la corriente despreocupados de lo que realmente ocurre.

En medio de esta escena una gran verdad: la nostalgia, la soledad, la vejez, la muerte, el pesimismo, la incapacidad de escribir una segunda obra, explicado con magnifica lucidez,  el protagonista dice “¿sabes por qué no escribo? Esta es mi realidad ¿qué podría escribir sobre esto?” Una cruda evidencia de la derrota del pensamiento y el triunfo de una sociedad que arranca con la caída del muro de Berlín y es conducida por el neoliberalismo económico y la Tercera Vía como modelo político, en definitiva el fin de las ideologías y el triunfo del pensamiento único. Refleja claramente el mundo en que vivimos y concretamente la Italia decadente de la era de Berlusconi; los excesos, la hipocresía, la falsedad, lo absurdo, lo extravagante… ¿no estamos viendo en esta película las fiestas de villa Certosa?

Es un magnifico retrato sobre el vacío de un sistema que toca fondo. Pero siempre, aunque sea mínimamente, queda el sentido crítico de la realidad. Se ríe del arte conceptual pretencioso; una niña pintando un cuadro abstracto por el que pagaran millones, pero rebelándose porque quiere jugar. Los aristócratas que se alquilan (su título) por asistir a fiestas pero que viven en el sótano de lo que fue su palacio, el protagonista que conoce y le conoce toda Roma pero se entera de que su vecino es un mafioso cuando ve entrar a la policía a detenerlo, la artista conceptual que se desmorona en una entrevista cuando se le cuestiona su arte transgresor o lo ridículas que son algunas actitudes de las instituciones religiosas (en la boda).

La película es un claro homenaje a los maestros del cine italiano: Fellini, Scola, Antonioni… más allá de la Dolce Vita, remite a Ocho y medio, por la forma de presentar una galería de personajes excéntricos o de La noche de Antonioni por la manera de mostrar el aburrimiento decadente de sus adinerados protagonistas o la presencia de una enana al más puro estilo Buñuel. En definitiva; película muy sociológica.

Martina Carrascoso. Sociólogos sin Fronteras

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