las víctimas maltratadas de la Polio, una deuda pendiente

polio3Una deuda pendiente con las víctimas maltratadas de la Polio. Rosa Aguirre. Socióloga.

La poliomielitis es una enfermedad muy contagiosa que tiene como población diana, a los niños de entre 0 a 5 años. La afección se debe a la acción del virus enterovirus “poliovirus”. Este agente infecta las células humanas por unión con un receptor similar a la inmunoglobulina (anticuerpo soluble en la sangre). El virus se transmite por vía fecal y oral, a través del agua y alimentos contaminados. Es decir, el virus permanece en heces y saliva y desde allí se propaga. En zonas endémicas el poliovirus “salvaje” tiene el potencial de contagiar a gran parte de la población expuesta.

En su momento el clima templado de España, junto a falta de condiciones higiénicas, facilitó la diseminación del virus. De ahí los brotes epidémicos de primeros del siglo XX que se registraron.

El virus de la polio se aloja en el intestino y se propaga al sistema nervioso, así provoca la crisis aguda, que en casos extremos de virulencia puede llevar a una parálisis permanente de órganos afectados. Se han identificado tres serotipos de poliovirus, clasificados con los números PV1, PV2 y PV3. Los tres son extremadamente virulentos. La PV1 es el más común y el que más se relaciona con la “parálisis de la poliomielitis”. También acompañan a la crisis aguda, problemas crónicos, como el síndrome postpolio, que es una consecuencia, transcurrido el tiempo, que afecta a aquellas personas que en su momento sufrieron la dolencia por el ataque agudo del virus de la poliomielitis y afecta tanto a los músculos que en su momento se vieron atacados por el virus y también a los no afectados entonces.

De la polio no hay cura y tras la crisis aguda, suelen quedar discapacidades evaluables. El “remedio” profiláctico pasa por la vacunación.

En España entre los años 1945-1963 se produjeron varios brotes epidémicos de poliomielitis que dieron lugar a un número aproximado de 20.000 personas afectadas. A este colectivo hay que sumar los casos que se produjeron a lo largo de los años, sin encuadrarse en las etapas de mayor virulencia de las epidemias.

¿Qué pasó en España con la vacunación?

Las primeras dosis de la vacuna de la polio, fueron los inyectables intramusculares Salk, cuyo precursor fue el doctor estadounidense Jonas Edward Salk en abril de 1955, de ahí el nombre de la vacuna. Se aplicó con éxito en Estados Unidos. En España se podía haber iniciado la vacunación en 1955. El descubridor renunció siempre a registrar una patente de la vacuna, para facilitar su uso universal.

La vacunación preventiva a gran escala en España no sólo no se hizo, sino que la propaganda del Régimen negó la existencia del problema, como ejemplo las intervenciones del pediatra Juan Bosch Marín (1902-1995). Doctor en Medicina con premio extraordinario. Miembro del Cuerpo de Puericultores del Estado. Director del Hospital Infantil San Rafael. Subdirector General de Sanidad y Jefe de los Servicios de Higiene Infantil de la Dirección General de Sanidad desde 1940. Jefe de la Obra Maternal e Infantil del Instituto Nacional de Previsión. Este distinguido doctor español argumentaba en la época por Radio Nacional que “el estado sanitario general en España es excelente y por lo que respecta a la enfermedad de la poliomielitis no hay motivos de alarma”. Discurso en contraste con el que se sostenía en otros países europeos democráticos y los Estados Unidos, donde al ver incrementarse el número de casos, fijaban los criterios políticos para la vacunación preventiva a toda la población en riesgo. La dictadura militar franquista consideró otros focos de interés y la vacuna sólo estuvo disponible para las familias dominantes del Régimen y no para las clases populares. El elevado coste determinó el acceso a la vacuna. Esta situación se ve agravada, si cabe, ya que el Gobierno de entonces ocultó a la opinión pública los brotes epidemiológicos recurrentes de poliomielitis.

En 1961 el doctor ruso judío, huido de las persecuciones antisemitas y residente en Estados Unidos, donde adquirió la nacionalidad, Albert Saperstein, luego Albert Bruce Sabin, puso en el mercado otro método de vacunación, en este caso por vía oral. La vacuna también recibió la denominación de su precursor, de ahí el nombre de Sabin. Este doctor, a su vez, de forma altruista, renunció a los beneficios económicos de su descubrimiento, facilitó la administración de la vacuna (oral y no inyectable), lo que favoreció la expansión de las campañas de vacunación para los niños, ya que se les daba junto a un terrón de azúcar.

Un eminente estudioso actual de la problemática de la polio y postpolio en España, que es el doctor de historia de la ciencia y médico de la Universidad de Salamanca, Juan Antonio Rodríguez, revela en una publicación que detrás de la mala praxis del gobierno de la dictadura franquista hubo luchas entre las denominadas “familias políticas del régimen”. La Falange, que gestionaba el “seguro obligatorio de los trabajadores” frente a los militares católicos próximos al Opus Dei, que ocupaban la Dirección General de Sanidad. Los dos colectivos llevaron sus pugnas internas hasta el límite de convertir la vacuna también en un argumento de conflicto y así defender, la vacuna inyectable por los falangistas en contra de la vacuna oral defendida por los militares ultracatólicos. Ambos buscaban excusas y en realidad deseaban el control de la Sanidad, sus recursos y el poder político que generaba.

En España no se inicia la llamada “primera campaña nacional de vacunación”, dentro de un programa de salud pública contra la polio hasta noviembre de 1963.

¿Quién debería asumir la responsabilidad por los innumerables casos ocurridos desde 1955 hasta prácticamente 1964, cuando, habiendo vacuna se decidió no aplicar?

Además, desde 1963, nunca existió una continuidad en las campañas de vacunación; se siguieron ocultando los sucesos epidemiológicos. A todo ello hay que añadir que tampoco existió una información clara y exhaustiva sobre el tema.

Las víctimas de la polio, hoy afortunadamente erradicada en España, son “los últimos de Filipinas” para evidenciar y reclamar lo que fue un errónea gestión pública de una acción sanitaria que dejó víctimas por el camino con las que hay una deuda moral y algo más:

– Antes de 1955. Enfermos por los diversos ataques del virus.

-1955 a 1963 situación más grave, existiendo ya vacunas, no se hizo un programa de vacunación pública. Sólo se benefició a las clases pudientes del régimen

-Finales 1964 a 1976, la vacunación se administró según los intereses económicos del momento y por tanto, de forma irregular y poco transparente. Sin considerar la situación como una necesidad de salud pública ni la vacunación como una obligación de los responsables de la política sanitaria del momento.

A las víctimas de esta negligencia, tras manifestar los daños de la polio, se les sometió, en muchos casos, a ingentes cirugías reparadoras con el fin de “enderezar” los músculos afectados por la parálisis. Solución traumática que no sólo conllevaba el dolor de las múltiples operaciones, sino los largos internamientos en centros del régimen, donde además de la curación física se sometía a los pacientes al adoctrinamiento psíquico.

¿Quién responde hoy de las deudas con las víctimas?

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