Sociólogos sin Fronteras se adhiere a la convocatoria de huelga general del 14 de noviembre promovida por la Cumbre Social.

Sociólogos sin Fronteras se adhiere a la convocatoria de huelga general del 14 de noviembre promovida por la Cumbre Social.

Sociólogos sin Fronteras tiene el pleno convencimiento de que no se puede salir de esta crisis con el debilitamiento del elemento básico de toda sociedad, que es sus ciudadanos, como colectivo dotado de derechos inalienables y que sólo con su puesta en valor se puede salir reforzados de las consecuencias de los desatinos económicos.

Desde una perspectiva acrítica podemos evidenciar que las cifras e indicadores no acompañan a las decisiones legislativas adoptadas y denominadas “reformas”.

Apadrinadas por la “troika” y ejecutadas por el actual Gobierno, se han emprendido una serie de medidas que no han hecho más que ahondar el empobrecimiento social. Como resultado: el número de desempleados sube, se ha perdido poder adquisitivo de los salarios y las pensiones, se ha reducido el consumo, ha subido la inflación, se ha precarizado el trabajo, ha disminuido el gasto social, se ha paralizado la Ley de Dependencia, se cuestiona la representatividad política por medio de los partidos, se ha introducido el miedo y la incertidumbre ante el futuro… La Reforma Laboral sólo ha servido para perder derechos y puestos de trabajo a quien ya de por sí menos tiene. Este resultado no era el esperado por quien acometió las reformas, ¿ó sí?

Desde Sociólogos sin Fronteras y nuestro compromiso social no podemos ver esta situación sin crítica, ya que hay realmente culpables de la situación en la que estamos e interesados en impulsar unas medidas que vayan bien para sus “negocios”. Cómo no va a convenir a la gran patronal tener un ejército de reserva de trabajadores que le permita modular las condiciones de los que trabajan bajo la amenaza de que son sustituibles por los de la bolsa de desempleo y en ciertos casos hasta para poner en marcha prácticas de “dumping” social. Cómo no le va a beneficiar a los grandes exportadores de productos industriales que existan fronteras libres de aranceles y movimiento de mercancías a precios fijos. Cómo no le va a venir bien a ciertos Estados el poder financiarse a precios irrisorios a cambio de que otros tengan que pagar ingentes cantidades por los interese de los préstamos que solicitan…

Cabe pensar que el Estado de Bienestar era un “coste” que sólo se mantenía para que no saltase la paz social y que el descontento se inclinase hacia un modelo que se situaba como contraparte de las democracias de corte occidental. Pero… Una vez perdido el “muro de la vergüenza”, ¡sin miedo!, la senda capitalista liberal no ha hecho más que empezar.

Claro que no conviene a un Gobierno un alto número de desempleados, pero sí que permanezcan el tiempo suficiente como para poder flexibilizar las condiciones de trabajo hasta el límite de jugar a la producción sin stock, a la oferta a demanda y al control total de la voluntad de las personas a cambio de un salario de subsistencia, obligado además a gastarse en servicios necesarios que antes eran públicos y que se han privatizado con toda impunidad. La gran patronal mantiene el estrés mientras la tensión no rompa la cuerda. Sin complejos: “socializamos las pérdidas, hasta que los negocios vuelvan a ser rentables, para que se puedan privatizar las ganancias resultantes”.

No contentos con la práctica, se juega con el lenguaje y se vende la idea que se hacen políticas sociales, así para subir impuestos (cuyas partidas se destinan en gran medida a pagar los préstamos para sanear a la banca) y crear entidades financieras públicas (socializando los recursos para paliar su bancarrota y pensando en privatizarlas cuando vuelvan a ser rentables). Este modelo impositivo no es el que se propugna desde el compromiso social. El sistema fiscal “saludable” es el que impulsa que el incremento de impuesto ha de servir para la redistribución de la renta, la ruptura de desigualdades y el fomento de las vías para que todos tengan igualdad de oportunidades; de tal modo que el que más tenga, contribuya más para que se reduzca la horquilla que le separa del más desfavorecido.

¿Hay razones para una huelga? Por lo menos canaliza una ira que de otra forma no se sabe cómo podría buscar vías de escape. Vuelve a poner en valor la herramienta tradicional de los trabajadores para reivindicar sus derechos y además, en esta ocasión, marca el hito de haber aunado a los colectivos de la Cumbre Social junto con los Sindicatos y que sea la primera reivindicación Ibérica. ¡Lo que le habría gustado este frente común a Saramago!

El éxito de esta huelga también dependerá del factor miedo, el legítimo de toda persona que se preocupa por la consecuencia de la pérdida de su trabajo si se suma a la reivindicación. Más que a los piquetes informativos sindicales, las personas temen la presión de los empresarios y la amenaza de “sumarse” al ejército de reserva de mano de obra. Ese miedo es legítimo, pero no insalvable. Por eso, junto a la huelga están las alternativas y acciones complementarias como el referéndum que deslegitime a quien llegó al Gobierno con un programa distinto al llevado a la práctica. También está el impulso a la iniciativa legislativa popular frente a los desahucios, por lo que es importante aportar la firma. Hay que hacer del 14 N un día ejemplar de penalización del consumo… Todos son granos de arena que pueden construir una montaña, que se vuelva infranqueable frente al que quiere abusar del más débil. Un solo junco es quebradizo, la suma de los mismos se hace irrompible.

Que la manifestación de la tarde del 14 N, allá donde se haya programado, sea masiva y que movilice a las personas que hayan participado en la huelga y a las que no hayan podido es fundamental para demostrar que se están aplicando políticas equivocadas por los gobiernos neoliberales europeos –español incluido- a instancia del dictado de los mercados; además, que los ciudadanos estamos hartos de sufrir a lo inútil y queremos gritar: ¡Basta ya!, hace falta un cambio estructural de verdad y con compromiso social.

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