Tren de noche a Lisboa

Tren de noche a Lisboa. Director: Bille August. Alemania, 2013. Estrenada en España en abril de 2014.

Se trata de la adaptación de un bestseller mundial Tren nocturno a Lisboa (El Aleph, 2012); una novela del suizo Peter Bieri, más conocido como Pascal Mercier. Relata el encuentro del profesor de latín, Raimond Gregorius, interpretado por  Jeremy Irons,  con una joven portuguesa que está a punto de tirarse a las aguas del Aar, desde el puente de Kirchenfield en Berna. El profesor interviene y la rescata del suicidio. La lleva consigo al liceo en el que ejerce como docente, pero la chica desaparece, queda en el lugar un impermeable con un libro de un autor portugués y un billete de tren a Lisboa. Raimond coge el tren de noche para Lisboa con el objeto de conocer al misterioso escritor cuyo libro contiene muchos secretos y cuestiones que hacen  reflexionar al profesor desde hace años.

Película melancólica, como casi todo lo que tiene por escenario Lisboa, porque Lisboa es melancolía. Como decía una colega brasileña; por eso cantan fados y no bailan samba. Ha sido calificada como historia fascinante, pero seguramente es debido a la necesidad que tenemos de fascinación, no por la forma en que se desarrolla la película; tiene todos los ingredientes necesarios; buen tema, buenos actores, buen escenario, buen contenido, tanto en lo político, como en lo sentimental, como en lo psicológico de búsqueda de sí mismo y dar sentido a la existencia. Pero se pueden destacar tres aspectos que no convencen:

Una revisión de la historia sin fuerza, falta de intensidad. Hechos tan próximos, que no nos atrapan a pesar de la similitud con los vividos en España en el mismo momento. Con todo, parte de los momentos más intensos de la película son los relacionados con la resistencia portuguesa que luchaba contra la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar y la brutal represión de la PIDE portuguesa, equivalente a la Brigada Político Social franquista. Portugueses, españoles y griegos vivieron sus respectivas dictaduras después de la 2ª Guerra Mundial, y sin embargo, esos mismos portugueses, españoles y griegos en el mes de abril pasado, fecha de estreno de la película, siguen llorando 40 años después, al ver las imágenes de los capitanes del 25 de abril, o al escuchar Grandola, vila morena pero no lloran la película.

Por otro lado, resulta impostado el motivo del intento de suicidio de la joven portuguesa. Son diferentes formas culturales de entender la familia. En el sur a la familia se le perdona todo; incluso tener un abuelo apodado “el carnicero de Lisboa”. Es la diferencia, una vez más, entre el norte y el sur.

Finalmente está el idioma; los actores portugueses en Portugal hablando en inglés, en vez de en su propia lengua, hace que el espectador, al menos el español, tome distancia.

Definitivamente, es difícil captar el sur y trasmitirlo con pasión cuando el director es Bille August, un danés, a pesar de tener una larga trayectoria y éxitos reconocidos como la Palma de Oro en Cannes en 1987, el Oscar en 1988 y el Globo de Oro en 1989. Un guionista alemán Ulrich Herrmann y la obra original es de un suizo Pascal Mercier.

Martina Carrascoso

Sociólogos sin Fronteras

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En la categoria de: CINEDESTACADOLO MEJOR

RSSComentarios (3)

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  1. Mabel dice:

    Me encantó la reseña q ví después de ver la peli .Coincido en todo ;tiene todos los ingredientes para ser buena pero no me gustó mucho .Fue eyendo tu reseña que entendí porq no me había gustado .

  2. Gustavo dice:

    Ah, casi olvido comentar un aspecto que me pareció fantástico de esta película, que está muy bien logrado y no lo mencionas: el increíble y muy notable parecido entre los actores que hacen al mismo personaje de joven y ya mayores. El trabajo de casting habrá sido formidable. Ahora sí chau.

  3. Gustavo dice:

    No coincido con gran parte de tus apreciaciones. Ya desde el comienzo, la ligazón entre Portugal y la melancolía si bien podría ser atendible en otro contexto, aquí despide un ligero tufillo a prejuicio, que predomina nuevamente sobre el final del artículo. Asimismo, el intento de suicidio que da inicio a la película siempre me dió la sensación de que podía atender a otros motivos desconocidos para los espectadores y que la lectura del libro fuera simplemente un desencadenante, pero no EL motivo.
    Por otra parte, pretender dictaminar -como si hubiera un manual- cuales son los elementos que movilizan a los pueblos y cuales no, resulta un tanto petulante, en mi modesta opinion.
    No me dió la sensación de que no hubiera una hostoria fuerte. Simplemente que la historia pasa por otros lugares, y las referencias a la resistencia están puestas con cuentagotas para contextualizar y ubicarnos, pero en la justa medida para no confundirnos ni desviarnos de la verdadera historia, que habla de seres humanos actuando dentro de ese contexto.
    En lo que sí coincido contigo es en el asunto ese del idioma, sempiterno tentempié que nos vemos obligados a ingerir cada vez que en una película los escenarios pasan más de una frontera.
    Finalmente, sobre las apreciaciones acerca de «captar el sur y bla bla bla» sería bueno tener presente que la sensibilidad -al igual que los prejuicios y la estrechez mental- no reconoce fronteras ni latitudes. Saludos cordiales.

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