TTIP- TRATADO DE LIBRE COMERCIO USA-EU

La gran transformación social de la que no se habla

Alejado de los focos del debate político diario una amenaza para el bienestar de la mayoría de los ciudadanos europeos pasa, al menos así lo pretenden sus promotores, desapercibida. El nuevo Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE, que lleva años negociándose en el mayor de los secretos se presenta por sus defensores como el mejor instrumento de reactivación del comercio y las exportaciones entre dos de los espacios económicos más importantes del mundo y por ende motor de la ansiada recuperación económica en Europa.

Es cierto que el comercio ha sido históricamente un factor de  mejora del bienestar de los pueblos pero, eso sí, no en todo caso ni en cualquier circunstancia. Por ejemplo, en un planeta sometido  a un alto nivel de  estrés energético y contaminante que según expertos está al límite de su resistencia, no sé cuál puede ser el beneficio para las poblaciones que manzanas cosechadas en Oregón acaben en supermercados de Asturias, dejando tras su transporte una huella ecológica innecesaria.

Sin embargo, desoyendo muchas autorizadas voces el aumento del comercio continúa siendo la principal propuesta neoliberal para salir de la crisis. Para ello se insiste en que hay que derribar las barreras que impiden su desarrollo, las trabas. Las más habituales suelen ser las impositivas o arancelarias, pero ellas ya hoy son irrelevantes en el comercio entre USA y EU.  Las trabas que pretende remover este tratado son las  derivadas de las intervenciones públicas que se han desarrollado históricamente en particular en Europa en la década de los años 90 alrededor de la creación del mercado interior. La protección de los trabajadores, consumidores y usuarios de servicios públicos o como ciudadanos  con derechos a un medioambiente seguro y sano han conformado la legislación común europea en estos años. De esta forma, se ha ido creando una regulación de sustancias y productos, máquinas y de protección del medio ambiente que es considerado como un coste antiproductivo para la empresas, en particular las multinacionales. Para estas entidades las regulaciones que imponen altos estándares son meras trabas al beneficio. Por ello, uno de los aspectos que más interés tiene para ellos es el de establecer en su estrategia un nivel de autoridad por encima de los estados nacionales, esto es, un sistema de arbitraje “independiente” en caso de litigio entre una multinacional y un Estado cualquiera, que no quedaría en manos de los jueces

Las consecuencias previsibles se dejarán notar pronto en la legislación laboral, ambiental y de defensa del consumidor. En la primera por la limitación de la negociación colectiva y por ello de la abolición de su efecto protector sobre el salario y las condiciones de trabajo. Además, la aprobación del empleo de sustancias o prohibidas o limitadas en el espacio europeo pondrá la salud y la seguridad ambiental y del consumidor en una senda de claro retroceso en sus estándares. A ello se puede sumar la privatización de “servicios públicos” no esenciales, con su lógica ya conocida de incremento del precio y disminución de su calidad y equidad en su acceso. Y esta lista es sólo algo de lo poco que se sabe sobre los protocolos de negociación pues todo ello está sometido a un secreto impropio de sociedades el siglo XXI

Sobre estos temas os invitamos a debatir en nuestro ya tradicional encuentro de abril, en el que esta ocasión contaremos con:

Jaime Pastor, profesor de Ciencia Política (UNED).

Mercedes Burguillo, profesora de Economía Aplicada (Universidad de Alcalá).

Sol Sánchez Maroto, Junta Rectora de Attac-Madrid.

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